Desaparecer
Una refexión sobre el infierno de la exposición, la adicción a los corazones digitales y hermoso caos del silencio y los enfrentamientos con uno mismo.
10/7/20252 min read
El afán desmedido de pertenecer, perder la personalidad para volverse un frame infinito en una pantalla de pixeles RGB. Ya no somos la carne que siente, el olor que atrae ni la voz que armoniza; con el gran poder de conectar nos volvimos una notificación, un corazón frío que se cuenta en números. No importa cuánto nos esforcemos, la próxima publicación está afanando por ser creada. Las métricas están ahí, para decirte cuán aceptado eres: un número define tu historia y ¡this fucked me up!
Desaparecer es un concepto ambiguo. ¿Realmente se puede desaparecer en un mundo en el que ya no eres tú, sino lo que representa una foto, un sonido o un comentario? Todos somos ahora una masa compacta de opiniones uniformes o contrarias y que ello amerite el odio entre todos; o somos blanco o negro, los matices desaparecieron, y si te sales del molde, no importa cuál, serás "funado", perderás seguidores y tu vida volverá a ser el mismo abismo vacío de siempre, solo que con el dedo señalando de un algoritmo y una opinión que desde hace ya mucho no le pertenece a nadie.
¡Seleccionar entre un mar de fotografías las que mejor crean el personaje! Hemos perdido el placer de la observación y la contemplación; ya nada es por sí mismo un hecho fantástico, tiene que, sí o sí, ser retratado en un cúmulo de pixeles digitales, que inmortaliza el no sentir. Porque en el momento que la emoción necesita ser compartida pierde en sí misma su razón de ser; la emoción solo se siente, y se guarda en la memoria, en el corazón o donde quiera que se guarden, no en un perfil de una red social en donde todos quieren ser validados, pero donde la opinión del otro realmente es poco importante.
El silencio de no ser parte del juego de la validación es quizás más caótico que hacer parte del ruido ensordecedor de los likes, shares e stories. Este silencio, al que llegas por estar cansado del scroll, te enfrenta a tu propia realidad, te cambia el black-mirror del último teléfono, por el white-mirror que no deja basura cubierta en tu alma, y poco a poco vas descubriendo que bajo la capa pétrea de pertenecer está ese vacío de no saber quiénes somos, qué o quiénes nos gusta. Y es ahí en donde desaparecer se convierte en ese enemigo que todos evitamos y de nuevo volvemos al scroll, ¡a fingir que todo está bien! Que nadie está solo, pero... ¿cuánta soledad hay en una foto con likes? ¿En un comentario frío y obligado? ¿Un "jajajaja" donde nadie ríe? Necesitamos silencio para poder gritar, pero nadie quiere perderse el espectáculo de influir.
¡Perderse en re-descubrir! Re-escribir las letras que nos hicieron, esas que nos dicen quiénes hemos sido, quiénes somos, ¡y descaradamente creen que definen quiénes seremos! Nos quedamos pausados en lo que odiamos por perderlo, como una relación tóxica que entre más duele, más ama; entre más llora, más importa. Todos vamos al camino queriendo escondernos del espejo, de la realidad, de ese "yo" interno que espera con paciencia, pero que siempre, sí o sí, tenemos que enfrentar y dar las cuentas de lo que hicimos.
Desaparecer de la aprobación, del deseo ansioso de ser influencer. No todas las vidas son un espectáculo. ¡Qué guerra por ser atendidos! Hicimos de la simpleza el más complejo de los resultados.
Desaparecer para poder encontrar.